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Es un orgullo trabajar con mayoría de mujeres en una disciplina de hombres

20.11.2014
Adriana Serquis, doctora en física, obtuvo el máximo galardón por su trabajo para promover el uso racional de la energía.

En 2001 se fue con su marido a Estados Unidos a hacer su posdoctorado. Podría haberse quedado a vivir y a investigar allí. Tenían todas las posibilidades pero, en 2004, decidió volver a Argentina. “Vinimos para devolverle al país un poco de todo lo que nos había dado en nuestra formación”, dice ella. Esa es una pincelada de la personalidad de la Dra. Adriana Serquis, Doctora en Física de 46 años, investigadora independiente del Consejo Nacional del Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que hoy, diez años después de su regreso apostando a hacer ciencia en el país, fue premiada con el galardón máximo de la Edición 2014 del Premio L´Oréal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia” en colaboración con el CONICET por el trabajo que realiza en la Comisión Nacional de Energía Atómica del Centro Atómico Bariloche.

“Técnicas avanzadas de Caracterización de Materiales para Energías Limpias” se titula su proyecto, en el que estudia la optimización de los materiales utilizados en tecnologías limpias (no contaminantes), con el objetivo de reducir costos energéticos y cuidar el medio ambiente, es decir, para promover el uso racional de la energía. El proyecto -que con este premio recibirá una inyección de 150 mil pesos- persigue contribuir al desarrollo de capacidades de caracterización de materiales que permitan “encontrar la combinación ideal de compuestos que optimicen rendimiento y estabilidad a largo plazo” en la generación de energía eléctrica.

Según explica la investigadora del CONICET, desde hace muchos años en el Instituto Balseiro -adonde se doctoró y hoy ejerce la docencia dictando cursos académicos y de extensión- se estudian los óxidos. Hay mucho conocimiento acumulado, por ejemplo, en materia de superconductores –utilizados para almacenamiento de energía- y celdas de combustible –un dispositivo que se utiliza para convertir la energía química en energía eléctrica-. Serquis investiga los procesos fisicoquímicos en las zonas de contacto de ambos materiales, para hacerlos más eficientes, con el sueño a futuro –como les sucede a todos los investigadores- de que la industria los adopte para la generación de energía.

La investigadora, que estudió Física en la Universidad de Buenos Aires y ya recibió una mención de los Premios L´Oréal en 2010, mantiene el interés en temas de desarrollo sustentable desde que se licenció. Una vez graduada, le surgió la posibilidad de radicarse en Bariloche con su entonces marido, también físico, y no lo dudó: “Es mi lugar en el mundo”. En Bariloche nacieron sus dos hijos y aunque su trabajo investigativo, dice, le quitó muchas horas de sueño, se las arregla para tener tiempo para sus hobbies: nada, lee, participa de un coro, cultiva sus amistades y le dedica un rato todos los fines de semana a su actividad predilecta, caminar por la montaña. Y también, hace un año y medio, cursa una maestría en Ciencia, Tecnología e Innovación orientada hacia el desarrollo sustentable desde la sociología, la filosofía, la historia y la economía energética. “Eso me permite tener una visión integral de mi objeto de estudio, desde las Ciencias Sociales”, asegura.

Le llevó varias horas digerir la noticia de que era la ganadora de la distinción promovida por  L´Oréal por su aporte a la ciencia desde su condición femenina. Se los contó, a sus seres queridos y a grupo de trabajo, después de un rato. Su equipo de investigación es atípico: porque la Ingeniería en Materiales no es una disciplina adonde las mujeres abunden, pero en el grupo de la Dra. Serquis esa tendencia no sucede. “En mi grupo el sesenta por ciento somos mujeres”, dice con orgullo, y describe cómo maneja equipos pesados, trabaja con gases y hace todas las tareas que, habitualmente, se le endilgan a los hombres. “A veces tenemos algún hombre que viene, se hace el caballero y nos ofrece ayuda –agrega Serquis-. Pero nosotras, con respeto, le decimos: "puedo, gracias".

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