La buena doctora

09.06.2014
La científica farmacéutica Krisana Kraisintu formuló el primer coctel de medicamentos genéricos contra el VIH (La Plataforma de Acción de Beijing cumple 20 años)

En Asia y África, donde ella trabaja, las amenazas de muerte son frecuentes, así como los ambientes peligrosos. Hay algunas victorias, muchas derrotas, vidas salvadas y algunas perdidas. Pero la Dra. Krisana Kraisintu de Tailandia, la “farmacéutica gitana” como se la conoce popularmente, sigue adelante sin descanso. Su misión es ofrecer atención de salud asequible para todo el mundo, pues considera que es un derecho humano fundamental. “Mi vida está dedicada a promover la producción farmacéutica local a través de la formulación y elaboración de medicamentos genéricos de precio módico para tratar el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades, y así mejorar la salud de las personas”, dice la doctora. 

En su amplia carrera científica como farmacéutica ha trabajado para ayudar a los enfermos —especialmente a las personas con VIH y SIDA— en Asia y África, donde el acceso a la medicina a menudo es difícil. Ganadora del prestigioso premio Ramon Magsaysay en la categoría Servicio Público, la doctora logró que se produjera en 1992 la primera versión genérica del medicamento AZT (azidotimidina), para tratar la infección avanzada por VIH. El medicamento se completó en 1995, mientras ella era la Directora de Investigación y Desarrollo de la Organización Farmacéutica Nacional (GPO, en inglés), donde también fue la primera mujer que ocupó un alto cargo ejecutivo. Pero su lucha también supuso enfrentarse a la cúpula de poder del sector farmacéutico.

Ella y su equipo posteriormente recibieron el reconocimiento mundial cuando crearon la primera combinación genérica de medicamentos contra el VIH, conocida como GPO-VIR. Esta reduce considerablemente los costos del tratamiento y fue aprobada por la OMS como el primer régimen de tratamiento para pacientes con VIH/SIDA en los países pobres. Tailandia pasó a la historia con el medicamento al volverse el primer país que fabricó medicamentos genéricos contra el VIH/SIDA y los exportó a los países vecinos. 

Sus acciones han salvado decenas de miles de vidas, probablemente más. La popularidad de la doctora es tan grande que su fama ha trascendido de las universidades donde todavía enseña y las comunidades donde trabaja, y ha llegado a los escenarios de Broadway, donde su historia inspiró la obra Cocktail. 

¿Cuáles cree que han sido los factores más importantes que le han permitido llegar adonde se encuentra hoy?

Me motiva el sentido de justicia y la convicción de que el acceso a los medicamentos esenciales es un derecho humano fundamental. El desarrollo y producción de los medicamentos debe tener el propósito de mejorar la salud pública y el bienestar de las personas, contribuyendo así al crecimiento económico y la prosperidad. Mi vida está dedicada a promover la producción farmacéutica local a través de la formulación y elaboración de medicamentos genéricos de precio módico para tratar el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades, y así mejorar la salud de las personas. Esta conciencia arraigada se acompaña de mi determinación, el deseo de cumplir un compromiso con los demás (aliviar el sufrimiento resultante de enfermedades), el esfuerzo continuo y el trabajar arduo para alcanzar mi objetivo.

 ¿Cuáles fueron algunos de los mayores obstáculos para llegar adonde se encuentra hoy?

Como farmacéutica que busca facilitar el acceso a los medicamentos de las personas menos privilegiadas y frecuentemente desfavorecidas de los países en desarrollo, mi camino ha sido largo. Ese camino está lleno de aventuras, enormes desafíos y logros, disgustos y recompensas, tristeza y gozo, tanto en mi país, Tailandia, como en los muchos países de Asia y África que he visitado y en los cuales he trabajado. A pesar de las amenazas de muerte y los ambientes de trabajo peligrosos, el mayor desafío es encontrar la forma de empoderar a las personas de cada lugar: no sólo transferirles los conocimientos farmacéuticos sino también mostrarles el modo de producir medicamentos para mejorar la salud de su comunidad y sus compatriotas, y convencerlas de que pueden hacerlo.

Cuéntenos un poco de su infancia, sus ambiciones y las personas que la inspiraron o fueron una influencia para que usted llegara a ser lo que es hoy.

Nací y me crié en la isla de Samui, en la provincia de Suratthani, en Tailandia del sur. En esa época mi padre era el único médico de la isla y mi madre era enfermera y la única partera. Recuerdo que en la infancia andaba en el caballo que mi padre montaba para llegar a las aldeas lejanas, por caminos de tierra, pues no había carreteras, para tratar a los pacientes. No les cobraba nada. Transformó nuestro hogar en una sala para los pacientes que tenían que quedarse a pasar la noche o incluso por más días por un tratamiento, pues la isla de Samui no tenía hospital. Al crecer en ese entorno y ver el sufrimiento que debían enfrentar las personas enfermas, mi compasión y el deseo de ayudar cobraron cada vez más firmeza. Mi abuela, que era monja, también me inculcó el espíritu de perseverancia contra todas las adversidades y el “nunca darme por vencida”. Estos principios guían mis acciones hoy en África, donde los obstáculos son la regla. 

¿El ser mujer ha afectado su camino para llegar adonde se encuentra hoy? ¿De qué modo?

Creo que ser mujer es en muchos sentidos una ventaja. Las personas con las que tengo contacto (hombres, mujeres, niñas y niños, ancianas y ancianos), me ven como su madre, maestra, tía, hermana, hija o parienta. Sienten que puedo empatizar con ellas y palpar su dolor.

¿Cuál cree que es su mayor contribución, a la sociedad o a la comunidad?

Creo que mi trabajo ayuda a crear conciencia de que un país, una comunidad, una sociedad entera deben llevar a la humanidad en el corazón. No debemos abandonar a nuestros hermanos y hermanas que son desfavorecidos por diferentes motivos (pobreza, enfermedad, vejez, enfermedad mental, drogas, privación de libertad, etc.) sino que debemos cuidarlos y ayudarlos a sanarse y volver a tener bienestar y felicidad, para que todos seamos una parte importante del progreso y el desarrollo de nuestra sociedad.

¿Cuál es su mensaje principal para la generación joven? ¿Qué deberían aprender de su experiencia?

La juventud puede contribuir de forma creativa y de muchos modos especializados al bien común de nuestra sociedad, siempre y cuando estén dispuestos a hacerlo, tengan una actitud positiva y trabajen duro. La paciencia es una virtud. No se puede comprar el éxito; sólo se puede crearlo gradualmente en el transcurso de la vida.  

¿Cuál es su mensaje para otras mujeres o niñas que pueden sentirse inspiradas por su camino y sus logros? 

El género no puede servir de excusa para no perseguir nuestros sueños. Hoy en día, un hombre y una mujer tienen las mismas oportunidades en la vida. La persona que tenga determinación, paciencia, voluntad de trabajar duro y un corazón bueno y compasivo puede enfrentar los diferentes desafíos de la vida y superar los obstáculos más difíciles.  Es muy importante que, sea cual sea el trabajo que elijan, que lo hagan con felicidad y no se preocupen por complacer siempre a los demás. Alcanza con hacer siempre lo mejor que pueden.

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